Monday, March 31, 2014

Las mañas del sapo

1
Un truco de magia

Fornel se rascó la barba entrecana al tiempo que se inclinaba adelante para facilitar la inspección a sus ojos. La esfera metálica describía pequeños círculos sobre la madera rajada de la mesa, siguiendo el compás de las manos de Silia. La muchacha no estaba usando hilos, la mesa estaba firmemente equilibrada e incluso el seco viento de verano había dejado de soplar. Fornel se rindió.
- Pues sí, es lo que he hecho.- Admitió a regañadientes.
La sonrisa triunfante de la niña no hizo más que acentuar su mal humor. Silia apenas había cumplido once años, pero en sus ojos yacía una aleación de inocencia y astucia que Fornel no dejaba de encontrar inquietante.
Hacía ya seis meses que el hombre trabajaba en el campo de los Lunanueva y otros cinco desde que comenzara a tratar con Silia, la nieta del dueño. Como esta insistía en entrometerse en la labor de los peones y asaltarlos con preguntas, Fornel se había propuesto distraerla con sencillos trucos de magia. Lejos de sorprendida, Silia lo había puesto en ridículo: No sólo había expuesto el engaño detrás de cada truco, sino que había respondido con uno propio que  el hombre no fue capaz de replicar.
Por puro orgullo Fornel había comenzado a subir las apuestas: luces azuladas en las noches más oscuras, rosas pálidas que adquirían color a simple vista y páginas en blanco que se llenaban de letras ante el fuego. Con cada una de estas demostraciones Silia había enrojecido de frustración, desapareciendo por semanas enteras, pero siempre que regresaba lograba replicar el truco frente a los ojos de un molesto Fornel.
La última proeza, que consistía en usar telekinesis sobre la esfera de metal que Silia cargaba consigo, apenas la había mantenido alejada una semana.
- Piedra imán.- Señaló Silia al tiempo que mostraba el hosco mineral que tenía sujeto a su pulsera de cuero.- Tuve que viajar a la ciudad para conseguir una y ni así fue fácil. Hasta ahora sólo había leído sobre ellas.
Fornel estuvo tentado de pedirle la piedra, pero se mordió la lengua y destapó lentamente su bota de vino. A ojos de Silia, el truco de la esfera dependía de la piedra imán. No podía admitir que nunca había visto una sin levantar sospechas en la niña.
Por un buen rato Silia continuó guiando la esfera haciendo uso del imán y Fornel aprovechó su distracción para beber en silencio. La sombra del ceibo era escasa y el vino estaba caliente. La piel tostada del hombre brillaba de sudor y las ropas percudidas cargaban el olor de varias jornadas de trabajo. Si Silia encontraba algo de esto desagradable, nunca lo había mencionado. La joven llevaba finas ropas de varón demasiado grandes para su menudo cuerpo, pero más allá del sudor que el clima reclamaba, estaba demasiado limpia para alguien que no hace más que recorrer el campo.
Cuando las moscas comenzaron a zumbar en torno a ellos, Fornel apuró un último trago de vino caliente y tapó la bota. La yegua de Silia se revolvió inquieta cuando el hombre se acercó para desatarla del ceibo.
- ¿Qué haces?- Preguntó Silia sin moverse de su asiento.
- Ya es hora de que te vayas. Casi acaba la hora del almuerzo y no voy a perder una comida por tu culpa.
Silia cruzó miradas con el hombre y suspiró con molestia.
- Como quieras. Pero aún tienes que mostrarme un nuevo truco.
Fornel tomó las riendas de la yegua y la acercó a la chica mientras negaba con la cabeza.
- Hoy no. Mañana.- Antes de que Silia pudiera protestar, continuó.- Este es especial. Me llevará un tiempo prepararlo.
La niña cerró la boca y sus labios lucharon por disimular una sonrisa de satisfacción.
- Vendré por la mañana. Si no tienes nada nuevo entonces, te mostraré uno yo.- El hombre asintió con desgano y la ayudó a subirse al animal.


Fornel la vio alejarse en silencio. Sus manos curtidas ciñeron el pellejo de la bota entre pulgar e índice. Exhaló pesadamente cuando el calor del líquido fue absorbido por su cuerpo. El sudor recorrió su pecho donde la musculatura marcada pero laxa atestiguaba mejores tiempos. Aún no cumplía cincuenta años, pero su piel ya estaba marcada por la vejez que las experiencias habían grabado.
Retiró los dedos de la bota cuando sintió un cosquilleo frío en las yemas. El siguiente trago fue helado y agradable. Suspiró. Las moscas aún zumbaban a sus espaldas. Miró por sobre su hombro y esta vez pudo ver la obesa figura de Rancio, que se acariciaba el estómago desde su lugar al pie del ceibo. Los restos del velo que le habían ocultado aún flotaban en el aire, deshaciéndose en leves partículas cargadas de estática.
- Pudiste haber enfriado el vino frente a ella. Eso la hubiera puesto en su lugar.
Su voz grave y quebrada espantó a las aves que habían anidado en la copa del árbol. Las moscas reaccionaron de manera opuesta, posándose sobre las rechonchas manos con que Rancio acomodaba su escasa cabellera.
Rancio no era nada corto de desagradable. Las pocas veces que se erguía rozaba los dos metros de altura y su enorme espalda musculosa contrastaba con la generosa barriga que estiraba su camisa marrón. Fornel pensó que de haberle convidado un trago de vino, los botones hubieran cedido ante la curva creciente de su estómago. Toda su piel era de un leve tono verdoso salvo su papada y garganta, que presentaban un suave rosado. A cada respiración su papada se inflaba como una bolsa, luchando contra el pañuelo que le aprisionaba.
Como Fornel no respondió Ranció frunció el ceño y lo enfrentó con la mirada. Esta era la única parte de Rancio que no resultaba cómica: Sus ojos enormes y negros eran incapaces de reflejar emoción alguna y convertían su sonrisa sin dientes en un gesto escalofriante.
- ¿Te estás quedando sordo, Forni?
Fornel negó con la cabeza y bebió un largo trago antes de pasarle la bota. Quería comprobar si los botones aguantaban.

Thursday, March 27, 2008

Conclusión

Hace rato que no tengo nada que poner acá. Meses largos (qué largos son los meses). Pero he continuado insistiendo casi que porque sí, porque ya estaba, porque la-inercia-es-más-fuerte (mucho más que los so called Amores), porque me gustaba no ser yo al escribirme de yo y a uds de mi, y así, sin sentido. O casi sin, lo que sea.
Ahora en serio: Ya no tengo nada que poner acá. Lo que puedo poner acá no soy yo. Y lo que soy yo va en otro lado: O son a largo plazo o no son palabrería bloguera apropiada. Hace rato que no soy para uds acá. Ni bonito ni sincero, hace rato que no soy eso.
Soy alguien simple. Tan simple que ni me moleste en un nick de verdad. Y no entiendo cómo tengo cientos de visualizaciones del (no) perfil cuando nunca me importó que me conocieran por esas cosas.
A los que les importe, tengo mail. Cuando se les antoje decepcionarse, ahí estaré. Y es que no sé si vuelvo. Y sí, los quiero. Ustedes ya saben a quiénes.

las.alas.de.arcam@gmail.com

¿No les encantan las alas?.

Sunday, February 24, 2008

Provocado 01

A veces me imagino desarmando paredes con las manos. Y es que si fueran una ilusión, si las paredes fueran mentira, entonces también la distancia podría ser abolida por una palabra, por un suspiro, por un beso, que cruza el aire, buscándote, en la oscuridad.

Eternidad: Ese espacio de tiempo en que tus labios no son míos.

Thursday, February 14, 2008

Cortazariano desesperado 1

"Que no", te digo, y me recuesto completamente contra el espaldar de la silla. "Eres un terco". Tu voz no es del todo cariñosa, pero está bien. Uno aprende a tolerar cuando sabe que se lo merece. "Mira", me dices (porque si sos vos es un tú), y tu dedo vuelve a caer sobre la palabra 4 del renglón 13 (los enumeraste cuando te dije que no veía bien, y la mitad de mis excusas mordieron el polvo). Te miro, a vos, a tu dedo, a la palabra en el renglón. Prueba irrefutable de belleza. Prueba irrefutable de mi error. "No veo bien", te miento, descaradamente, y vos, que te levantas de la silla para sentarte en mi falda, te reís. "Sí, ahora veo". Recorro la página en silencio. La luz de las velas es pésima. La máquina se fundió, pero te acordabas de memoria la combinación bizarra de tus palabras con las mías, y no te tardaste en copiarlo todo, para que comenzáramos a discutir.
"Te digo que era así", y te apoyas sobre mi cuerpo. "¿Segura?", y mis dedos ciñen tu cintura.
No todo es mentira en esa habitación de carmín. Las sábanas aún me duelen. El anochecer dejó una marca en mi hombro que intentaste limpiar con saliba. Todo eso permanecía al despertar.
"¿Ves que era así?". Un perfume de no sé qué escapa de tu boca, y la silla de mimbre se resquebraja, apenas. Guardo silencio mientras releo todo una vez más. Jugás con mi pelo sin decirme nada. Ya me ganaste y lo sabés, lo que esperás es el permiso del vencido para volver a la locura del colchón, a los gritos y a las risas.
"Sí, veo", y tiro las hojas al suelo. Te puteo un par de veces. Pero es porque odio que me ganes, y eso lo tenés claro. La última vela se apaga, y vos te reís, pero eso me lo contás al otro día, en el café.
En el momento... no me doy cuenta de nada.

Tuesday, February 05, 2008

Carta para Noemí

Algo tarde ya, aviso que el enojo se esfumó algo así como seis horas luego de escribir el mail. La vida, el trabajo, las hermosas literatas venezolanas y algunos (muchos) libros de diverso grosor me han mantenido distraído. He ahí (sí, así de pequeña es) la razón de mi retraso. Estoy escribiendo. Podría ser una novela. Hablando en burricismos, siento que escribo "mucho más mejor" que antes. Te extraño lo que se puede extrañar entre el escándalo. Soy un chico que añora los reencuentros, pero las lágrimas (lamentable error), me las olvidé en la almohada.

Hasta pronto.

Hasta que el encuentro sea inevitable, y no por eso, menos placentero.

...

P.D: Cuidame a esas monjas. Y que te cuiden ellas. Y volvé sana.

Wednesday, January 23, 2008

Con Bla

Arcam dice: cuánto medís?

Bla Maeda dice: 1.73

Arcam dice: suertudo

Bla Maeda dice: ¿Vos?

Arcam dice: 1.72 aproximadamente

Arcam dice: mataría por cinco centímetros más

Bla Maeda dice: No me molestarían.

Arcam dice: podría matar a mi madre por cinco centímetros más

Arcam dice: la altura es mi trauma

Arcam dice: el tuyo?

Bla Maeda dice: Morirme.

Arcam dice: cierto

Arcam dice: deberíamos hacer una party

Arcam dice: y salir buscando por el mundo la receta de la inmortalidad y cinco centímetros

Arcam dice: "eternal five quest" se llamaría

Arcam dice: y mi personaje sería tan mediocre que los guionistas lo matarían el el episodio 3

Arcam dice: (necesito dormir, necesito dormir, necesito dormir, necesito dormir, necesito dormir....)

Bla Maeda dice: JAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAA

Bla Maeda dice:Eternal Five Quest.

Bla Maeda dice:Me gusta.

Arcam dice:menos mal

Arcam dice: cambiar el nombre de una party se complica después del tercer random encounter

Arcam dice: (necesito vivir, necesito vivir, necesito vivir, necesito vivir, necesito vivir...)

Bla Maeda dice: Jajajaja

Bla Maeda dice: Jajajaja

Bla Maeda dice: Sos un enano simpático.

Arcam dice: y vos un mortal bastante curioso

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Ciertas personas rompen mi equilibrio.

Gracias.

Wednesday, October 31, 2007

(Borrador)

“Huyamos”, dijo él, a unos metros de mí, con el sobretodo salpicado de aserrín y una mirada de esas que hacen que una película valga la pena. Dejo el libro de Casona sobre el banco, piso unas hojas secas y entonces me encuentro frente a él. Alto el tipo. Una cabeza de altura me sacaba, a mí, que niña y todo, tenía las piernas largas de una Diosa. No me limito a mirarlo a los ojos. Le meto las manos entre las ropas, le acaricio la piel, desprendo un poco el cinto, y bajo, hasta imaginar un gemido. Hasta pellizcarlo un poco al enredarme con su cuerpo. Luego me retiro, y él comienza a vestirse.

Semidesnudo, pero aún serio. Loco, sí, pero de esos de antes, que se hacían héroes al menor descuido. Vuelvo al banco, me siento acomodando la pollera, retomo el libro desde la página marcada por un rizo, y me limpio un denso hilo de baba con un pañuelo.

“¿Hacia dónde?”, le pregunto, y él se acerca, mientras busca los botones que le arranqué de la camisa. La dirección que me señala no es nada sugerente. Ni siquiera extiende los dedos. Se limita a hacer un ademán con la mano, y clava la vista en un sendero poco transitado por su fangosa consistencia. Pienso un momento en cómo decirle que no. Yo llevaba pollera: Era una dama. Y el fango y las damas son algo reacios a una compenetración poética.

El argumento no debería haber fallado ante alguien como él, cuya estructura mental recaía, indudablemente, sobre principios más estilísticos que lógicos. Pero, para mi sorpresa, él se limitó a señalar ciertas discrepancias entre las damas de la literatura y mi persona, haciendo hincapié, de vez en cuando, en lo curiosamente confuso del concepto, y su falta de uniformidad a lo largo de la historia.

Cuando me doy cuenta, caminábamos por la zona cenagosa, mientras él se enredaba la lengua en citas de Flaubert o Chateaubriand.

Tuesday, October 30, 2007

(Todavía sin nombre)

El chico acá al lado mío no tiene nombre (mis dibujos son machos o hembras, incluso los paisajes), lo que me ayuda a no determinar nada... Además, el sentido está sobreestimado, ¿no?.

Tinta china y acuarelas. Todo aplicado con pinceles. Está desprolijo. Pero ya era hora de que pusiera alguno a color.

En fin, opinen. Ojalá les guste.

Tuesday, October 23, 2007

(Sin título)

Personalmente, me desagrada este. Les recomiendo no mirarlo en tamaño completo... Y por favor, obvien el error del escáner...

Si sigo hablando, va a ser para quejarme... Mejor dejo acá. El post de abajo quizás resulte más placentero.

...

Los hombres admiramos hombres. Admiramos a los que saben. A aquellos que se sientan frente a lo incomprensible y ni se formatean.

Ellos comprenden, incluso, que cuando un lápiz no funciona, es porque el grafito se niega a lloverse en vano. Uno los imagina y calla, muerde la pipa, y piensa en la voz femenina más dulce... Los hombres no somos idiotas: Soñamos con serlo.

Soñamos con llovernos en palomares y cerveza, basurear a los pequeños, y empaparnos de mujeres. Soñamos con escribir grandezas, con una letra enorme, de puño que da bifes, e irnos a dormir (y a veces no) con Diosas que devoran cuerpos.

No le tememos a la muerte. Tememos al olvido, a la finitud (a la plenitud), y a los cuerpos flacos. Odiamos el aroma de las mañanas, y besamos la noche hasta el último de sus vestigios. Nos llenamos los pulmones de brea y filipinas, y, antes de dormir, nos imaginamos los miembros que querríamos tener, y nos tocamos por debajo de las sábanas...


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Me damos asco.

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